El monstruo de Whitechapel es descubierto

Entre las sombras y vapores de la noche, se escondía un hombre que sembró el temor entre los habitantes de Whitechapel. Londres. Su nombre, su rostro, todo era desconocido. Sólo la brutalidad y el odio relucían en sus actos. Este ser se transformó en toda una leyenda por 126 años, mientras que su identidad continuaba en el anonimato.

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El 31 de agosto de 1888, las calles se encontraban desoladas, oscuras, húmedas, un ambiente fuera de lo normal en Londres, pero tenían su razón, pues el horror que guardaban en ellas azotaría a la ciudad de manera vil y grotesca. Charles Cross caminaba por Whitechapel tranquilamente hasta encontrarse con un bulto. Al acercarse pudo percibir que era una mujer, pidió ayuda a un hombre que también pasaba por ahí, ambos no pudieron ver en ese momento que la mujer tendida en el suelo tenía varias heridas terribles que le cruzaban el cuello, y la falda levantada hasta las caderas. Los hombres se la acomodaron en una señal de respeto y corrieron por auxilio.

Mientras, el oficial John Neil llegó a la escena, con su lámpara pudo observar que de la garganta de la víctima  fluía sangre. La herida iba de oreja a oreja, sus ojos estaban abiertos, mirando hacia el oscuro infinito, inmóviles y sin vida. Sus manos y muñecas estaban heladas, pero el oficial Neil sintió sus brazos calientes. Pronto habló a otro policía quien buscó ayuda de un doctor y una ambulancia. El Dr. Lleyellyn determinó que la causa de la muerte habían sido las heridas en el cuello, las cuales habían cortado la tráquea y el esófago. La hora de la muerte había sido una hora y media antes de ser descubierta. Al examinarla en la morgue de Old Montague Street, el inspector Sprattling se percató de que el abdomen presentaba una herida larga y profunda causada por un cuchillo dentado, junto con otras heridas alrededor de ésta que habían sido hechas con los mismos instrumentos.

Después de varios esfuerzos, se identificó a la víctima, la cual era conocida como Ann “Polly” Nichols, de 42 años, quien tenía problemas de alcohol los cuales rompieron con su matrimonio, teniendo que vivir de la prostitución. La policía sólo tenía estos datos y nada más. Aun cuando se interrogó a los vecinos de la escena del crimen, no pudieron encontrar a algún sospechoso, no había pistas.

Los pobladores de Whitechapel relacionaban a este asesinato con otros acontecidos anteriomente cerca de la zona. Martha Tabram y Emma Smith habían muerto en terribles condiciones, aunque no era similar al de Nichols. La policía trataba de armar sus teorías y desenmarañar este asunto cuando otro se tejía en las calles de Spitalfields. El 8 de septiembre de 1888, otro cuerpo fue hallado.

Annie Chapman

Annie Chapman, principalmente vagabunda y prostituta, fue encontrada afuera del número 29 de Hanbury Street. Fue John Davis quien la encontró tirada en el piso con la falda levantada hasta la pelvis. Acostada sobre su espalda, el brazo izquierdo cruzaba su pecho izquierdo, sus piernas estaban levantadas con los pies sobre el piso, con las rodillas hacia el exterior. Su rostro estaba hinchado y volteado hacia la derecha. La lengua salía entre los dientes frontales sin llegar a los labios, estaba mucho más hinchada. El intestino delgado y otras partes del cuerpo estaban expuestas sobre el piso a la derecha del cuerpo, arriba del hombro, amarrados. Había mucha sangre en su lado izquierdo acompañada de un pedazo de estómago. El cuerpo estaba frío, pero presentaba un cierto calor abajo del área de los intestinos. Apenas comenzaba la rigidez de sus miembros. La garganta había sido cortada profundamente, la incisión de la piel era dentada. El abdomen había sido completamente abierto, tanto que los intestinos pudieron ser jalados hasta el hombro de la víctima. El útero y sus apéndices, así como la parte superior de la vagina y dos terceras partes de la vejiga fueron removidos del cuerpo, mismos que nunca fueron encontrados. Los cortes eran limpios evitando el recto, la vagina había sido cortada de tal manera que el cuello uterino no había sido dañado.

Annie Chapman

Annie Chapman

La policía ligó este escalofriante asesinato con el de Nichols, armando ya un perfil del asesino. Era alguien que sabía lo que hacía, quizá algún médico o alguien que tuviera este tipo de conocimiento para hacer cortes tan perfectos en un tiempo estimado de entre quince minutos a una hora.

Sólo tres testigos fueron encontrados, pero no pudieron aportar nada sustancia acerca del sospechoso. El primero fue John Richardson, quien llegó al número 29 para checar las cerraduras alrededor de las 4:45 de la madrugada y quien indicó que no vio a nadie afuera del lugar. Albert Cadosch, vecino, dijo que a las 5:20 de la mañana había escuchado a un hombre y a una mujer platicar. La única palabra que pudo identificar fue un “No”, diez minutos después escuchó algo caer contra la reja. Por su parte, Elizabeth Long regresaba del mercado de Spitalfields y vio a un hombre y a una mujer afuera del número 29, identificó a Annie como la mujer, pero el hombre estaba de espaldas y no pudo observarlo.

Aún no habpia nada concreto, los asesinatos express habían ocurrido en poco tiempo, pero nadie tenía datos sobre alguna persona que merodeara por los lugares de los hechos. En una ocasión, la policía arrestó a Pizer “Leather Apron”, a quien muchos lo tomaban como el posible asesino. Sin embargo, aunque era una persona indeseable, Pizer tenía coartadas perfectas para indicar su ubicación en el momento de los homicidios, por lo que la policía lo liberó.

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Elizabeth Stride

El 30 de septiembre de 1888, sucedió lo insólito. Louis Diemschutz conducía su carro hacia Dutfield Yard cuando vio un cuerpo tirado contra la pared de un club. Pronto fue por ayuda de un joven y ambos pudieron observar que se trataba de una mujer. Llegó la policía y el Dr. Blackwell, quien examinó el cuerpo. La víctima yacía sobre su lado izquierdo, su rostro estaba viendo hacia la pared. Sus piernas estaban levantadas, los pies cerca de la pared. El cuello y pecho estaban tibios y ensuciados con sangre. La mano izquierda, puesta sobre el suelo, estaba ligeramente cerrada y tenía un paquete de pastillas para el aliento envueltos en un papel. La boca estaba un poco abierta. En el cuello había una gran incisión que comenzaba en la parte izquierda, dos pulgadas debajo del ángulo de la mandíbula, casi paralela a ella cortando los vasos sanguíneos de ese lado y partiendo la tráquea en dos. Se estimaba que había muerto a las 12:50 de la madrugada, se le identificó como Elizabeth Stride.

Elizabeth Stride

Elizabeth Stride

La policía estaba entretenida en este nuevo caso, mientras que el oficial Edward Watkins hacía su rondín regular por Mitre Square, una zona alejada. Watkins caminaba por la calle cuando apuntó con la luz de su linterna hacia un rincón descubriendo otro cuerpo. Cuarenta y cinco minutos aproximadamente después del hallazgo del primer cuerpo en Dutfield Yard.

Esta mujer, según reportó el Dr. Frederick Gordon Brown, tenía el abdomen desgarrado desde el pecho hasta el pubis. Los intestinos habían sido sacados, el colon fue cortado. El peritoneo fue cortado y el riñón izquierdo fue removido. La arteria renal izquierda fue cortada también. El útero fue abierto de manera horizontal, dejando un pedazo de tres cuartos de pulgada, todo lo demás fue removido. La vagina y el cérvix estaban intactos. Tenía espantosas mutilaciones en el rostro, una herida de un cuarto de pulgada a través del párpado izquierdo, el derecho con una herida de media pulgada. Presentaba una cortada profunda sobre el puente de la naríz y llegaba hasta la mandíbula. El cuerpo aún estaba tibio, por lo que llevaba muerta una media hora. No portaba dinero y no presentaba signos de haber luchado contra su agresor. Posteriormente, fue identificada como Kate Eddowes.

Kate Eddowes

Kate Eddowes

Los hallazgos no se detenían ahí. El oficial Alfred Long encontró un pedazo de delantal con sangre en la entrada de un edificio en Whitechapel Goulston Street. Arriba de éste, había un mensaje escrito con gis que decía:

The Juwes are

The men That

Will not

Be Blamed

For nothing.

 

El delantal le pertenecía a la mujer asesinada en Mitre Square. La policía resguardaba el mensaje, pero Sir Charles Warren, Comisario de la Policía Metropolitana, mandó destruir el mensaje que quizá daría alguna pista sobre el asesino.

En relación al asesinato de Elizabeth Stride, se encontraron a dos testigos importantes, el oficial William Smith e Israel Schwartz, ambos vieron a Elizabeth platicar con un hombre un poco antes de su muerte y a quien describían como de unos treinta años, con bigote, cabello oscuro. Schwartz identificó a otro hombre, mientras Liz platicaba con el primero. Pronto surgieron otros testigos que habían visto a Liz platicar con un hombre. Las descripciones sobre el posible asesino coincidían, pero no aportaban mucho como para señalar a una persona en específico.

A la policía, periódicos y revistas llegaban muchas cartas del supuesto asesino, pero los historiadores sólo avalan dos de ellas escritas por el mismo autor y el cual introduce el nombre “Jack The Ripper”. Especialmente una enviada a Central News el 27 de septiembre de 1888, dirigida a The Boss, en la cual firma Jack The Ripper. El editor pensó que se trataba de una broma, guardándola por unos días, hasta entregarla finalmente a la policía. Un día después de esto, Elizabeth Stride y Kate Eddowes fueron asesinadas. Al siguiente lunes, la revista recibió otra carta con la misma letra que la anterior. La policía entregó una copia de las cartas a cada estación de policía en caso de que alguien identificara la tipografía, sin éxito.

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Mary Kelly

El 16 de octubre, George Lusk recibió una carta, esta vez con un pedazo de riñón adentro, el cual fue llevado con el Dr. Openshaw para determinar si se trataba de un riñón animal. Todo lo que pudo decir era que provenía de un adulto. En realidad no se sabía si las cartas eran verdaderas y enviadas  por el mismo asesino o sólo se trataba de alguien queriendo jugar y llamar la atención.

La policía estaba atenta a cualquier señal acerca del asesino, algún testigo que apareciera para desenmascarar a tan vil personaje. Sólo llegó lo peor, la culminación de un trabajo aterrador sin precedentes en la historia. Nadie sabía que lo que estaba a punto de acontecer causaría sus peores pesadillas.

De todas aquellas personas, se destacaba una hermosa joven de nombre Mary Kelly. Era irlandesa y llegó a Londres a los 21 para trabajar en un burdel. Muchos de sus amantes la ayudaban económicamente para que no se valiera sólo de la prostitución. En 1887 conoció a Joe Barnett con quien tenía una relación sólida. Sin embargo, él no tenía trabajo y después de una discusión, Mary volvió a las calles y a la prostitución.

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El 9 de noviembre de 1888 era el día del Lord Mayor’s Show, un festival importante en la ciudad. Mary planeaba disfrutar del espectáculo como la mayoría de los ciudadanos. Esa noche, John McCarthy envió a un asistente con Mary para ver si podía cobrar algo de la renta. Thomas Bowyer tocó la puerta de Mary, pero no recibió respuesta, por lo que se asomó por la ventana rota sin estar seguro de qué vio. Rápidamente fue por McCarthy, quien miró por la ventana encontrando una de las escenas más terroríficas de su vida.

Enseguida llegó la policía al número 13 de Miller’s Court. No forzaron la puerta, sólo empujaron un abrigo que servía de cortina. Al acostumbrarse a la oscuridad del lugar, observaron lo que nunca podrían olvidar. El Dr. George Bagster Philips, junto con el Inspector Abberline, examinó el cuerpo.

Mary Kelly yacía en la cama terriblemente mutilada, lo cual se llevó a cabo post-mortem. La muerte fue causada por la ruptura de la arteria carótida en la garganta. El cuerpo estaba desnudo a la mitad de la cama. Los hombros planos, pero el eje del cuerpo estaba inclinado hacia el lado izquierdo de la cama. Toda la superficie del abdomen y muslos fue removida, el muslo derecho fue removido hasta el hueso. La cavidad abdominal fue desprovista de todas sus vísceras, la piel fue arrancada en tres grandes tiras. Los pechos habían sido cortados, los brazos mutilados por varias cortadas dentadas. Su rostro era irreconocible. El tejido del cuello fue mutilado hasta el hueso, la garganta fue cortada con tal brutalidad que los tejidos habían sido rajados hasta la columna vertebral. Su rostro había sido acuchillado en todas direcciones. La nariz, las mejillas, las cejas y las orejas habían sido parcialmente removidas. Los labios estaban escaldados y tenían varias incisiones que iban de manera oblicua hacia la barbilla. Las vísceras estaban en diversas partes: el útero, un riñón y un seño estaban debajo de la cabeza de Mary. El otro seno junto a su pie derecho, el hígado estaba entre los dos pies. Los intestinos a su lado derecho y el bazo al lado izquierdo. Las partes del abdomen y los muslos estaban sobre la mesa. El corazón fue arrancado y no se encontraba en el lugar.

Mary Kelly

Mary Kelly

Este homicidio fue el último de Jack The Ripper y el más brutal de todos, el cual aterrorizó a las autoridades, a los médicos y a la gente en general. Nadie sabía quién podría ser el monstruo capaz de cometer tan grotescos crímenes. El pánico se extendió por Whitechapel y la policía actuaba de manera frenética tratando de localizar al culpable. Interrogaron arduamente a varios sospechosos, pero todo fue en vano. Trataban de cazar a un fantasma el cual no dejaba ningún rastro. Se esfumaba de las escenas del crimen, llegaba silenciosamente y desaparecía.  Al llegar el invierno, después de muchas investigaciones, los inspectores no tenían respuesta acerca de quién era Jack The Ripper.

Para 1892 el caso estaba cerrado, no se habían presentado más incidentes. Jack The Ripper había desaparecido repentinamente.

DETRÁS DE LA MÁSCARA DE “JACK THE RIPPER”

Sir Melville Macnaghten se convirtió en el Comisario de la Policía Metropolitana en junio de 1889, cuando los asesinatos de Jack The Ripper habían cesado, pero las investigaciones continuaban. Él argumentaba que los homicidios se habían detenido quizá al horror del último, de Mary Kelly, quizá el asesino no lo había soportado y se había suicidado o se había recluido en un hospital psiquiátrico. Macnaghten tenía tres sospechosos en su lista:

  • Montague John Druitt, quien era doctor y de buena familia. Había desaparecido justo después del último incidente. Su cuerpo fue hallado el 31 de diciembre en el Támesis. Sin embargo, tenía una tendencia genética hacia la depresión. Había sido removido de su puesto en la enseñanza, además de dejar una nota suicida en la cual mencionaba que empezaba a parecerse a su madre (quien fue encerrada en una institución debido a la depresión y delirios paranoides), por ello decidió morir.

Montague John Druitt

Montague John Druitt

Aaron Kosminski era un judío polaco que vivía en Whitechapel y quien se había vuelto loco después de sumergirse en vicios personales. Odiaba a las mujeres, especialmente las prostitutas, y tenía tendencias homicidas. Primero fue remitido a Colney Hatch en 1891, un hospital psiquiátrico, en donde permaneció tres años. El historial indicaba que Kosminski recibía instrucciones de una voz en su mente, pero nunca presentaba algún tipo de comportamiento agresivo hacia otros o suicida, simplemente era callado. Después pasó 25 años en Leavesden, un lugar para adultos “imbéciles”, en donde se le consideraba como un lunático. A veces daba problemas, pero no mayores. Uno de los testigos del incidente en Mitre Square lo reconoció al verlo, aun cuando en su primera versión había indicado que nunca podría reconocer al sospechoso debido a la escasa luz, y dos años más tarde aseguraba que era Kosminski. La descripción del testigo no encajaba con Kosminski, y muchos lo han descartado como el asesino.

Aaron Kosminski

Aaron Kosminski

Michael Ostrog era un doctor ruso y convicto, quien fue encerrado en un hospital psiquiátrico por ser un maníaco homicida. Su historial era de lo peor y su ubicación era incierta al momento de los asesinatos. La única razón por la que se le consideró como sospechoso fue el hecho de que era cirujano, criminal.

Michael Ostrog

Michael Ostrog

El Inspector Abberline nunca estuvo de acuerdo con esta lista de sospechosos, ya que su favorito era George Chapman, quien fue llevado a la horca en 1903 por envenenar a su esposa. Tuvo muchas mujeres y a todas las trataba con la misma actitud violenta. A la primera esposa que envenenó lentamente fue a Mary Spink. Posteriormente a Maud Marsh, a quien le proporcionó una dosis letal. Fue hallada en su casa, después exhumaron a sus esposas anteriores determinando la causa de muerte de cada una.

George Chapman

Goerge Chapman

La versión acerca del asesino que se relaciona a la realeza se volvió muy popular con los años. El Príncipe Alberto Víctor, conocido como Eddy, fue el nieto de la Reina Victoria, su padre se convirtió en el Rey Eduardo VII. Eddy paseaba por Whitechapel y se enamoró de una joven llamada Annie Crook, quien se embarazó de él. Una teoría dice que se casaron en secreto. Esto no era lo apropiado para un futuro rey y los rumores llegaron a la Reina Victoria quien pidió solucionar este escándalo. El primer ministro delegó esta tarea al doctor Sir William Gull. Dr. Gull llevó a Annie a una institución donde la dañó mentalmente dejándola recluida de por vida. Al ser secuestrada Annie Crook, Mary Kelly cuidó de su hija llamada Alice Margaret. Sus amigas Polly Nichols, Elizabeth Stride y Annie Chapman sabían de esto y corrieron el rumor poniendo a temblar a la Corona. El Dr. Gull también se ocupó de ellas asesinándolas brutalmente y creando el personaje de Jack The Ripper. Se suponía que las invitaba a un coche para matarlas y después las dejaba tiradas en el piso. Algunos lo relacionaban a la masonería y a extrañas prácticas.

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Aun cuando una historia de conspiración suena fascinante, la realidad es que esta versión era muy pobre. Las mujeres murieron justo donde eran encontradas, por lo que no las asesinaba en un coche. Existía una Annie Crook con una hija ilegítima llamada Alice Margaret, pero la relación entre ella y Eddy era improbable, además de que las preferencias sexuales de Eddy eran cuestionables.

La lista de los sospechosos incluye también a Francis Tumblety y a Walter Sickert.

EL GRAN DESCUBRIMIENTO

Muchos libros, artículos, programas y películas se han realizado en torno a Jack The Ripper. Las teorías van desde lo insólito hasta lo más plausible en referencia al verdadero asesino.

Sin embargo, 126 años después el misterio fue develado. En el 2007, Russell Edwards compró una chalina en una subasta en Bury St. Edmunds, la cual le había pertenecido a una de las víctimas, Kate Eddowes. Él creía que Aaron Kosminski era Jack The Ripper, tal y como la policía sabía, pero no había podido probarlo. Edwards pidió la ayuda de un científico llamado Dr. Jari Louhelainen, experto en evidencia genética. Las pruebas con la chalina comenzaron en el 2011.

Russell Edwards y la chalina de Kate Eddowes

Russell Edwards y la chalina de Kate Eddowes

La chalina aún tenía manchas de sangre, según se podía ver con la cámara infrarroja. Pero al utilizar fotografía UV, Edwards y el Dr. Louhelainen descubrieron algunas manchas que bien podrían ser semen. Antes de sacar conclusiones, se dedicaron a hacer más pruebas, las cuales fueron muy diferentes a las utilizadas normalmente, ya que las muestras eran demasiado viejas. El Dr. Louhelainen se valió de un método llamado “vaccumming”, en el cual se usa una pipeta que contiene un líquido especial para remover el material genético de la ropa sin dañarlo.

Los métodos aplicados para muestras frescas no servirían en este caso, por lo que el Dr. Louhelainen optó por el Genoma Mitocondrial, el cual es transmitido a través de la línea femenina y es más abundante. El siguiente paso era encontrar descendientes femeninas de Eddowes y Kosminski. El Dr. Louhelainen obtuvo seis perfiles completos de ADN de la chalina. Al compararlo con el ADN de Karen Miller, de la familia de Eddowes, encajaban completamente. Así pudieron probar que la chalina era auténtica.

La segunda parte fue extraer muestras del semen, encontrando algunas células vivas. Edwards halló a una descendiente británica de la familia de Kosminski, quien accedió a compartir su ADN Mitocondrial. Amplificar y secuenciar las células encontradas en la chalina fue un trabajo arduo, pero eran la clave para descubrir un gran misterio.

Finalmente, Edwards recibió el correo electrónico del Dr. Louhelainen quien le indicaba que el ADN coincidía en su totalidad con el de Aaron Kosminski, la primera muestra en un 99.2% y la segunda en un 100%. Gracias al estudio minusioso, el Dr. Louhelainen pudo identificar que el ADN es el común étnicamente entre los rusos judíos, además de que la persona tenía el cabello oscuro.

Las historias acerca de Jack The Ripper seguirán surgiendo, aun cuando se sepa que la culpabilidad es de Aaron Komsinski. Quizá nuevas películas o libros se centren en la psicología de este personaje al cual todos tachaban de loco e imbécil. Por otro lado, muchos tratarán de refutar este descubrimiento. Sin embargo, Jack The Ripper siempre tendrá su lugar en la historia como uno de los homicidas más misteriosos que el mundo haya conocido.

"Jack The Ripper" - (Fotografía de Joshua Hoffline)

“Jack The Ripper” – (Fotografía de Joshua Hoffline)

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