La Anciana sin descanso

Un padre de familia, después de un viaje de negocios, conducía con su hija de 11 años a las vacaciones que tanto le había prometido. Como llovía y estaba oscuro, tomaron una ruta incorrecta del mapa y se perdieron. Sin perder la calma el padre siguió el camino hasta encontrar algún lugar donde pedir indicaciones. Terminaron en un pequeño y extraño pueblo alrededor de la medianoche.

Entrando al centro del pueblo notaron algo extraño, la gente estaba afuera de sus casas y se veían angustiados, la niña vio varios carros de policías a lo lejos y se los apuntó a su padre. Al bajar el vidrio el policía les preguntó muy frío:

-¿Son de esta casa?-

-No, no somos de aquí, tomamos otra ruta y terminamos perdidos, ¿Nos podría facilitar algún mapa?

-Claro, aguarden solo un momento- se bajaron del auto.

-¿Pasó algo malo oficial?

-La verdad es que…- el oficial vio a la chica.

-Lily escucha música en tu mp3 ¿quieres?- la niña obedeció.

-Nos hemos visto enfrentados con una serie de asesinatos seguidos, los estamos investigando pero por ahora no tenemos ninguna pista.

-¿Una serie de asesinatos?

-Así es, han matado a muchas personas de varias casas, tenemos a muchas viudas y a muchos niños huérfanos, pero bueno, espérenme aquí- El oficial les trajo un mapa y les explicó cómo volver a su camino.

-Vayan lo más rápido que puedan y no se detengan hasta llegar a su destino, quienes hicieron esto pueden estar cerca.

-¿Qué tipo de asesinos son?

-No sabemos, pero son unos animales, por así decirlo. Los cuerpos están completamente desgarrados y arañados- El oficial se tapó los ojos horrorizado.- Por eso les pido, cierren con seguro las puertas y no se detengan hasta llegar a su destino.

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Al llegar a la camioneta se dieron cuenta que el asiento del copiloto estaba muy mojado por la lluvia, la hija había dejado la ventanilla abierta. Se sentó en el asiento trasero, le dieron las gracias al oficial y se fueron. Se fueron por el camino que les marcó el policía en el mapa, con mucho cuidado, ya que estaba muy oscuro. A pesar de la oscuridad lograron divisar de repente la figura de una persona adelante, al acercarse más confirmaron que era una delgada anciana empapada por la lluvia.

El papá paró el auto y abrió la ventana, le dijo a la anciana:

-Señora ¿qué está haciendo sola en medio de la carretera y a esta hora?- La mujer no respondió, ni siquiera volteó a verlo, simplemente siguió caminando.

El hombre se bajó de la camioneta y fue a preguntarle si necesitaba algo.

-Estoy cansada.- respondió la anciana.

-No se preocupe, venga conmigo, la llevaremos. ¡Rápido! Es peligroso aquí, anda un asesino suelto.

La anciana subió a la camioneta, en el asiento trasero, al lado de su hija, y partieron. Mientras el papá manejaba, le dijo a la anciana:

-Que suerte que la encontramos, nosotros la llevaremos a su hogar. Ahora no nos perderemos- rió- Para variar nos topamos con un pueblo casi un kilómetro atrás y me dijeron que asesinaron a varias personas, fue algo muy horrible, creo.

-Quizás se lo merecían- respondió la anciana- Les contaré una historia muy triste que sucedió en ese pueblo. Hace tiempo una pobre abuela llegó al poblado con su nieto muy enfermo. Lo cargaba en sus brazos pues él ya no podía caminar. La anciana pidió ayuda casa por casa, rogando por algo de comer o de beber para el niño, pero todas las personas le negaron hasta un simple y mísero vaso de agua. Le cerraban la puerta, el niño se veía demasiado enfermo y les causaba asco. Ese mismo día en la noche, su nieto murió en sus brazos. La abuela no pudo con la pena y se suicidó, se lanzó a un río con el niño en brazos.

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En eso la hija vio las manos de la anciana, quedó helada. Sus dedos flacos hacían resaltar sus uñas larguísimas y puntiagudas, como si fueran garras, todas manchadas de sangre. La anciana volteó a verla, mirándola fijamente, tenía unos ojos oscuros con una luz en el centro de cada uno y una cara muy pálida con arrugas bien marcadas. La niña nunca le dijo al papá que no tenía batería en su mp3, por lo que atar los cabos se le hizo muy fácil y doloroso. En eso la vieja le sonrió a la niña y le hizo una señal con el dedo, para que guardara silencio.

-Son ustedes muy amables, déjenme aquí, por favor- dijo, señalando un pequeño sendero que llevaba a un pueblo llamado «Consuelo».

-¿Aquí vive usted?- Le dijo el hombre mientras la anciana se bajaba del auto.

-No, vivo un par de pueblos más allá, pero tengo cosas que hacer aquí primero, un gusto.

Se fueron y la niña se quedó mirando la silueta de la abuela fantasma alejarse de ellos, era lo suficientemente grande como para entender las cosas que tenía que hacer en aquél pueblito.

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