Eros y Psyque

Psyque era una hermosa princesa, que pese a su extraordinaria belleza no estaba aun casada mientras que sus dos hermanas ya habían contraído matrimonio y esto preocupaba mucho a sus padres, en cierta ocasión, Psyque se fue a bañar al río, cuando se desnudo y entro en el agua, Eros (Dios griego del amor que a diferencia de su equivalente romano Cupido, no se trata de un pequeño concubin travieso, sino de un joven con alas alto y apuesto) la vio y sin querer se pinchó con una de sus flechas quedando irremediablemente enamorado de ella, no obstante Eros sabe que  no puede amar a Psyche debido a su naturaleza de dios así que decide buscar otra forma para poseerla.

Un día los padres de Psyque deciden acudir al Oráculo para consultarle sobre el futuro matrimonial de su hija, Eros se infiltra en la voz del oráculo y dice a los padres que lleven a su hija a una gruta donde esta encontrará al esposo que los dioses han destinado para ella, así lo hacen y Psyque pasa varias horas sola esperando, cuando empieza a dormirse se siente transportada por el aire y al despertar aparece en un palacio de ensueño, allí tiene todo lo que desea y cuando llega la noche Eros la visita, sin embargo debido a la penumbra no puede verle el rostro, la habla y la seduce y a partir de entonces va a visitarla todas las noches, pese a que la ama todas las noches Psyque nunca consigue verle el rostro, y una noche Eros la dice que si desea que su amor permanezca ella no deberá verle nunca el rostro, Psyque que es muy feliz y no desea perderle promete obedecer.

Psique comtempla a Eros con una lampara de aceite.
Escultura de Reinhold Begas

Así pasan mucho tiempo hasta que una noche Psyque nota que su amante esta dormido, la curiosidad la puede y aprovecha el momento para encender una lámpara y acercarla a su rostro, cuando ve que se trata de Eros el dios del amor, le tiembla el brazo y una gota de de cera cae sobre él despertándolo entonces el se despide de ella diciéndola “No debiste hacer eso, ahora que sabes quien soy nuestro amor no puede ser y por tanto no puedo amarte”

Existen numerosas versiones de este conocido mito, sin embargo, en mi opinión todas poseen el mismo significado y es que el amor autentico necesita de cierto grado de confianza y de misterio sobre la persona amada.

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