¿Eran los aquelarres invocaciones o delirios?

Durante la Edad Media se comenzó a descifrar qué era lo que hacían los tan llamados “brujos/brujas” cuando se reunían. Estos aquelarres en los que se desataba la euforia y la excentricidad eran una representación del mal en aquellas épocas y todos temían de los grandes poderes de estos hechiceros que hacían sus conjuros a medianoche. ¿O quizá era la imaginación y poco conocimiento que se tenía?

Frans Franken II's 'An Assembly of Witches' of 1607.

Frans Franken II – “An Assembly of Witches” (1607)

El Sabbat de los Brujos o Aquelarres son las juntas que se daban entre brujos y aquellos que practicaban otros ritos. La palabra Sabbat proviene del hebreo Shabbath que significa “día de descanso”. En el judaísmo moderno, el Shabbat es el Sábado, en el Cristianismo moderno, se refiere al Domingo. Por otra parte, la palabra Aquelarre proviene del euskera “aker”, macho cabrío, y de “larre”, campo.

Desde el año 905 se ha mencionado esta práctica en textos, apareciendo por primera vez en el Canon Episcopi. A mediados del siglo XV, un hombre llamado Robinet de Vaulx, quien vivía solo en Burgundy, fue arrestado, llevado al tribunal de Langres y quemado. Decía que había un gran número de brujos y brujas en Artois indicando que había asistido a varias reuniones nocturnas y dio los nombres de algunos miembros de la comunidad de Arras que también iban a esas congregaciones. Entre esa lista aparecía el nombre de una prostituta llamada Demiselle y Jehan Levite, mejor conocido como Abbé de peu de sens o El abad de poco sentido.  Pierre de Broussart, un fraile jacobino y líder inquisidor, mandó arrestar a estas personas. En sus confesiones involucraban a otros quienes fueron hechos prisioneros y quemados. En este entonces se le denominaba Vauderie a estas prácticas de brujería.

Todas estas personas contaban que se quedaban de ver en una fuente en el bosque Mofflaines. De ahí tomaban una pomada que proveía el diablo, con la que ungían una vara de madera y se frotaban las manos con el ungüento. Después se ponían la vara entre las piernas y ésta los llevaba volando hasta el lugar de la asamblea en la cual se encontraban personas de todo tipo y rangos, ricos y nobles, eclesiásticos y hasta cardenales. Además de que grandes mesas los esperaban con carnes, frutos y vinos. También estaba invitado un demonio con forma de cabra, cola de mono y expresión humana. Cada uno hacía reverencia a este ser, le ofrecían su alma o una parte de su cuerpo y lo besaban en el trasero sosteniendo antorchas. El Abad de Poco Sentido admitió ser el maestro de ceremonias de estas reuniones. Después tiraban la Cruz y le escupían en rechazo de Jesús. Después se sentaban a comer y a beber, al finalizar realizaban tremendas orgías. Posteriormente, el diablo les daba un sermón exhortándolos a no seguir con las reglas de la Iglesia, cuando acababa el monólogo se acababa la reunión.

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La violencia en la persecución de estos herejes en Arras crecía desmesuradamente, el miedo a que se expandieran estos actos en Italia, Alemania y Francia llevó a que reconocidos inquisidores compilaran textos que describían las brujerías de los herejes, así como la forma de castigarlos.

John Nider, un monje sueco, fue de los primeros en escribir un libro de este tipo titulado Formicarium, aunque en él no se describía el Sabbat de los Brujos, quizá no se conocía en esas tierras. En 1489 se publicó De Pythonicis Mulieribus, un tratado escrito por Ulric Molitor y, en el mismo año apareció uno de los libros más importantes: Malleus Maleficarum, o Martillo de Brujas, escrito por Jacob Sprenger y Heinrich Kramer, en el cual tomaban como verídica la manera en la que los brujos se transportaban volando a sus reuniones aunque no se mencionaba como tal la descripción de las asambleas.

Después del Malleus Maleficarum se escribieron un sinnúmero de obras sobre brujería. Pasó mucho tiempo hasta que un hombre llamado Bodin o Bodinus escribió un tratado que se convirtió en el libro de texto de la brujería. En esta obra sí se describía el Sabbat de los brujos como tal nombrando que estas reuniones sucedían en lugares apartados, como en las montañas. Las brujas se preparaban para el evento, iban a sus cuartos y se desnudaban para untarse una pomada, tomaban una vara que a veces también ungían, se montaban en ella y la encantaban para salir volando hasta su destino. Además de lo ya descrito, realizaban danzas en círculos como aquellas de los campesinos.  Las canciones eran obscenas y los instrumentos burlescos.

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Otro francés se dio a la tarea de describir el Sabbat de Brujos, su nombre era Pierre De Lancre y formaba parte del Parlamento en Bordeaux. Con uno de sus colegas, procedió en contra de los habitantes de  Labourd, quienes estaban aferrados a sus creencias supersticiosas y, según De Lancre, eran adictos a la brujería. Él explicaba que todo esto se debía a las mujeres que naturalmente tenían un temperamento lascivo que mostraban hasta en su manera de vestir con la cual dejaban ver más de la cuenta. Además de que esa población contaba principalmente con manzanas, las cuales hacían a las mujeres caer en el mismo pecado de Eva.  Después de haber estudiado la localidad escribió Tableau de l’Inconstance des Mauvais Anges et Démons en el que describía las confesiones de las brujas.

De Lancre

Ilustración del libro “Tableau de l’Inconstance des Mauvais Anges e Démons de Pierre De Lancre.

Según De Lancre, las brujas indicaban que el Lunes era el día en el cual llevaban a cabo sus reuniones a la medianoche en un lugar solitario en el bosque al cual llamaban Aquelarre y que De Lancre anota como Lane de Bouc , el matorral del chivo. A veces las asambleas se daban en las iglesias de Labourd o en casas. Los bailes eran indecentes y el más conocido era el Sarabande, bailaban tríos en círculo dando la espalda al centro de éste. También describía la danza Bohemia en la que bailaban y se decían conjuros, los originarios de Bohemia eran considerados en este texto como diabólicos. El otro baile era en el cual todos brincaban y el último era en el que todos se tomaban y bailaban en círculo con la espalda hacia el centro, a veces alcanzaban a tocar sus espaldas, hombre con mujer.

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Estas son las visiones de los inquisidores que condenaron a todos los participantes de estas reuniones a la hoguera señalándolos de brujos, y a muchos inocentes que también perecieron en manos de esos implacables servidores de la Iglesia.

Las prácticas consideradas heréticas se derivaban de raíces paganas, más en las zonas que habían sido parte del Imperio Romano, en el cual se llevaban a cabo los Días Saturnales que preceden a la Navidad y eran una especie de fiestas y orgías que duraban siete días. Alucinógenos, como atropa belladona, eran ingeridos en estos ritos para alcanzar el éxtasis, por lo que no es raro escuchar historias sobre demonios, animales mitad hombres y todas las cosas desfiguradas que sucedían, aunado a la imaginación medieval y a lo que le agregaban los inquisidores que parecían tener mejores imágenes diabólicas que las brujas.

Todo esto da como resultado imágenes de temibles brujas volando en escobas para reunirse con el Diablo e inquisidores queriendo atraparlas en el aire para castigarlas y muchos textos que describen a seres con anatomías monstruosas. Todo siendo una mezcla entre la realidad, los mitos, la imaginación y los delirios ¿O será que mientras dormimos, las brujas están divirtiéndose y preparando extraños brebajes en su caldero?

GOYA El aquelarre

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