La Dama Negra del Hospital de Badajoz

La Dama Negra ha vuelto. Y sigue como siempre. Alta, con ropas oscuras hasta los pies y con el rostro enmarcado en la oscuridad, como si llevase un velo negro o un peinado excesivamente rígido.

Nadie sabe quién era, ni que quiere, ni qué o a quien busca, pero ya pocos dudan que sigue deslizándose en la penumbra de los pasillos del hospital Perpetuo Socorro de Badajoz, atravesando paredes y puertas cerradas, desapareciendo en huecos imposibles o en recodos sin salida, siempre en la noche y siempre en silencio, como los buenos fantasmas de toda la vida.

Pero a diferencia de otros espectros, la Dama de Negro no es etérea ni transparentosa, sino que tiene una materialidad que asombra al más pintado. De hecho, es tan física que no asusta, porque los testigos no sospechan siquiera estar viendo a un fantasma, sino que creen a pies juntillas estar observando a una extraña mujer de negro que quizás chirríe un poco por sus largos ropajes y su extraño peinado, pero que en ningún momento parece sobrenatural… hasta que desaparece ante sus asombrados ojos.

El primer testigo que se decidió a habla con nosotros se la topó una noche de ronda, junto al encargado de seguridad del hospital, hace más de 20 años, por los pasillos subterráneos que unían el Perpetuo Socorro con el Hospital Materno Infantil. Desde entonces, las apariciones de la Dama Negra no han hecho más que crecer, incluso delante de aquellos que se burlaban de los rumores y que las achacaban a delirios de los testigos.

Raquel no se burlaba, porque conocía de primera mano a algunos compañeros que la habían visto. Lo que no sabía es que iba a tenerla pegada a su cuerpo la noche del viernes 11 de septiembre….

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Aunque Raquel no es su verdadero nombre, es trabajadora del hospital y nos permite grabarla, aunque no se atreve a dar la cara. Como otros muchos testigos (especialmente los que trabajan en el edificio) no quieren que sus compañeros y jefes los reconozcan.

Raquel, sin embargo, no estaba trabajando la noche del viernes, sino que se encontraba acompañando a un pariente cercano que estaba ingresado en una habitación de la primera planta. Eran las cuatro de la madrugada cuando la Dama Negra entró en la habitación, y ella estaba dormitando. Pero el enfermo sí estaba despierto. Y lo vio todo.

El paciente es un familiar de edad avanzada que desconocía por completo el largo historial de apariciones de la fastasmagórica mujer. En la habitación, compartida por dos enfermos, se encontraban también las dos acompañantes. Cuatro personas a las que inexplicablemente fue a unirse, en la madrugada, otra presencia más: La Dama Negra.

Sobre las cuatro de la madrugada el testigo, que estaba tomando corticoides, siente la boca seca, y se despierta para beber un poco de agua de la botella que tiene en la mesilla, cuando se sorprende al ver en la habitación a una señora muy alta y vestida de negro de la cabeza a los pies.

El enfermo, tras el sobresalto inicial, está a punto de preguntarle a la señora si quiere algo, pero enseguida, al ver lo atípico de la situación, piensa que, quizás, a lo mejor, la señora ha entrado a robar, y decide observarla haciéndose el dormido. Y con los ojos entrecerrados observa cómo la mujer se coloca a los pies de su cama, se inclina hacia adelante y le mira. Se acerca a la otra cama y observa al otro paciente. Se vuelve y observa a la acompañante de su compañero de habitación, mira atentamente toda la habitación, las taquillas, la televisión, y termina observando a la propia Raquel, que dormitaba en uno de los sillones. La Dama Negra mira entonces hacia hacia la puerta, que permanece cerrada… y desaparece ante la atónita mirada del enfermo, que no entiende como la misteriosa señora ha entrado y ha salido de la habitación con la puerta cerrada, ni consigue explicarse quien era ni que quería esa mujer alta y enlutada.

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Pero al día siguiente, cuando, nada más despertarse, le cuenta a Raquel los extraños sucesos de la noche, ella sí reconoce, inmediatamente, quien era la señora. La Dama de Negro había vuelto. Si es que alguna vez se había ido…

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