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LA PLANTA TRECE

Esta es una historia de un vigilante de seguridad que  trabajaba en un edificio que estaba en plena fase de “rejuvenecimiento” porque había muchas obras:

Nos encargamos de la vigilancia nocturna un compañero y yo por turnos. Uno se queda abajo en recepción y el otro se hace la ronda en los dos edificios. La ronda la realizamos completamente sólos, sin más arma que la defensa, grilletes, linterna, fichador y un walkie. El primer día que me tocó este servicio yo comencé mi primera ronda hacia las 3 de la mañana, y la sensación de soledad y lo imponente de estos sitios tan grandes te sugestiona mucho, pero te terminas acostumbrando al medio en el que trabajas, pasando por alto ruidos sumamente extraños que oyes, sensaciones…. en fin, gajes del oficio…

Pero claro, cuando te toca subir al piso 13 en un montacargas al que le fallan las puertas, y se abren lentamente chirriando y te encuentras en un vestíbulo más negro que la noche, y las puertas del montacargas se te vuelven a cerrar, y a abrir solas sin dejarme salir (al puro estilo de la película de Annabel), empiezas a sentir que algo no va bien.

Me armé de valor y salí con la linterna, comienzo mi ronda por la planta en obras, saltando restos de obra y esquivando cables colgando, el ambiente no podía ser más gótico, yo sólo quería llegar al punto de fichaje y salir de allí. Me sentía cada vez más angustiado y sentía que de alguna forma no estaba sólo.

Atravesé el largo pasillo y hacia la mitad de este, la linterna me empezó a fallar quedándome a oscuras (llevo una táctica recargable sumergible y siempre la llevo totalmente cargada). Saco el móvil para alumbrarme y el walkie empieza a emitir interferencias, y aunque le bajase el volumen aquello seguía igual, con lo cual imaginaros la angustia de atravesar aquel pasillo dejando oscuridad detrás de mí y con la carga de sugestión que llevaba encima.

LLegué al punto de fichaje y fiché la zona, al darme media vuelta para regresar al hall de ascensores veo al fondo del pasillo una silueta muy negra y de forma humana de unos 2 metros quieta que al verme dar la vuelta se retira a una lado. Yo por narices tenía que volver sobre mis pasos, y no me digais como lo hice pero corrí tanto que mis pies no tocaban el suelo. Una vez en el montacargas pulsé para bajar a la planta cero, yo sólo quería salir de allí y ver la cara de mi compi y contarle lo que había presenciado.

Pulsé el botón de bajada y misma situación. Las puertas se cierran y respiro hondo. Pero amigos… aquello no baja, y de nuevo las puertas se vuelven a abrir. Pulsé repetidamente el botón de bajada, y esas malditas puertas no se cerraron hasta pasados 2 o 3 interminables minutos.

Cuando llegué al puesto pregunté a mi compañero si alguna vez había sentido algo extraño en la planta 13 del edificio colindante, y cuando le dije eso estaba jugando con el móvil y casi se le cae al suelo. Se quedó pálido y me preguntó que me había ocurrido. Le relaté toda mi aventura y él me dijo: “nadie te ha dicho que a esa planta no subimos ninguno?” le pregunté el por qué, y resulta que en las obras murieron en un accidente varios obreros muy violentamente, y desde entonces ocurrían cosas muy raras. Me dijo que a él en una ocasión pudo escuchar como le llamaban por su nombre desde el final del pasillo, y a otro compañero como había sentido una mano fría en el hombro por detrás.

A día de hoy sigo currando aqui  y de hecho en 5 minutos me voy de ronda. Pero tranquilos, que no seré yo el que vuelva a pisar la PLANTA 13….. al menos…. de noche

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