Si alguna vez has pasado la noche cerca de un río en México, es probable que alguien te haya advertido: «Si oyes un llanto de mujer, no te acerques». Es el aviso más antiguo de Latinoamérica, y detrás de él está La Llorona, una de las leyendas más conocidas del mundo hispano.
La historia
Cuentan que hace siglos vivía en un pueblo junto al río una mujer joven de belleza extraordinaria. Se enamoró de un hombre que le prometió casarse con ella, y con él tuvo dos hijos. Pero el hombre fue alejándose: primero pasaba días fuera, luego semanas, hasta que un día ella lo vio llegar al pueblo del brazo de otra mujer, más rica y de mejor familia.
Dicen que la rabia y la pena la volvieron loca. Esa misma noche llevó a sus hijos a la orilla del río y, en un arrebato que nunca pudo explicar, los dejó en el agua. Cuando entendió lo que había hecho, corrió río abajo gritando sus nombres, pero la corriente ya se los había llevado. La encontraron días después, sin vida, en la misma orilla.
Desde entonces su alma no descansa. Vaga por ríos, acequias y caminos solitarios vestida de blanco, con el pelo largo cubriéndole la cara, y repite una y otra vez el mismo lamento: «¡Ay, mis hijos!».
Lo que dicen quienes la han oído
Los relatos coinciden en un detalle escalofriante: cuando su llanto se oye lejos, está cerca; y cuando se oye cerca, está lejos. Muchos aseguran que el aire se enfría de golpe y que los perros aúllan antes de que aparezca. Hay quien dice que se lleva a los niños que andan solos de noche junto al agua, confundiéndolos con los suyos.
El origen de la leyenda
Algunos historiadores relacionan a La Llorona con Cihuacóatl, una diosa mexica a la que, según los cronistas del siglo XVI, se oía llorar por las noches antes de la llegada de los españoles, anunciando la caída de Tenochtitlan. Otros la vinculan a la figura de La Malinche. Con el tiempo, la historia se mezcló con relatos europeos de mujeres en pena y dio lugar a la versión que hoy se cuenta desde México hasta Chile.
Versiones por países
En Guatemala y El Salvador se parece a la Siguanaba; en Venezuela se dice que busca a los hombres infieles; en Colombia y Panamá aparece en los caminos rurales y lleva a un bebé en brazos. Todas comparten el agua, el llanto y el arrepentimiento eterno.
¿Qué hacer si la oyes?
La tradición popular aconseja no seguir nunca el llanto, no mirarla a la cara y rezar o alejarse del agua sin correr. Y, sobre todo, no salir solo de noche si en tu pueblo alguien dice haberla escuchado.
¿En tu familia también se contaba la historia de La Llorona? ¿La versión que conoces es distinta? Cuéntanosla en los comentarios.
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