El Niño Del Día de Muertos.

 

El Niño Del Día de Muertos…
La noche del 1ero de noviembre de 1970 en el antiguo barrio de la salud, cuenta la leyenda que los niños de ese rumbo recorrían las calles pidiendo su muerto. Como es la tradición.
Cerca de la medianoche un hombre llamado Rubén Varón quien vivía a poca distancia del panteón de ese lugar, escuchó que alguien tocaba a su puerta…
– Don Rubén, me da mi muerto?
Miguelito, que andas haciendo a estás horas por la calle?.- le preguntó don Rubén!!!
Aquel hombre le dió dulces a ese niño y éste le pidió que le diera un poco más, pues quería llevarle dulces a un niño que vivía cerca de ahí. Para ser más preciso a tres casas de don Rubén…
Mentiroso, dijo don Rubén: en esa casa no vive nadie es más tiene años que está abandonada…
Se lo juro don Rubén,dijo Miguelito: a todos los niños que hemos pasado por ahí, desde la ventana nos ha dicho que quiere salir pero está encerrado 😔 y para que no esté triste quiero llevarle dulces.
Ummm, mira Miguelito: mejor vete a tu casa porque ya es tarde y yo le llevaré los dulces a ese niño que tú dices, dijo don Rubén…
Pensando un poco en lo que dijo Miguelito, Rubén se acordó que hace algunos años en esa vieja casa de adobe habían encontrado el cadáver de un niño de 6 años que había sido encerrado solo en un cuarto de manera sólida a modo de que definitivamente no pudiera salir. Y abandonado misteriosamente por sus padres, quienes abandonaron la casa sin que nadie se diera cuenta.
Poco después don Rubén, quizá solo por curiosidad se acercó de manera cautelosa a aquella casa abandonada pero para su sorpresa entre las sombras alcanzó a ver a un pálido niño.
Enseguida, éste empezó a gritar: déjame saliiir!!!, déjame saliiir!!!…
Don Rubén aún sorprendido: que haces ahí??? Le preguntó…
El niño volvió a gritar y dijo insistente: abreme, abreme….
Rubén le preguntó: quien eres???
De pronto, vió como los ojos de aquél niño se pusieron en blanco y comenzaron a brillar intensamente y además podía ver cómo, de ellos brotaba sangre como si estuviera llorando. Las ventanas se cerraron violentamente, mientras que aquel ser o niño seguía gritando:
Abreme, abremee, abremeee!!!

ource

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