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Las Brujas

¿Qué es una bruja?

La bruja, habiendo también brujos varones, aunque sean una parte ínfima, es la mujer que pacta con el diablo para obtener poderes y buscar perversiones y otras diversiones.

Parece ser que las brujas obtienen su poder del diablo, y utilizan sus poderes para si mismas, o para otras personas. Además la maldad está presente en sus actos casi siempre. En cambio la hechicera no es malvada. Las hechiceras sí que cobran sus trabajos, pero de todos modos, para mucha gente las hechiceras no son ni muchísimo menos tan malas como lo son las brujas. Su magia a veces busca cegar en amor, pero no destruir como lo hacen las brujas. Las brujas son malas y deben serlo por orden del diablo, las hechiceras pueden serlo en ocasiones pero no tiene porqué.

 ¿Cómo es una bruja?

Pues aunque sea un tópico, solían ser mujeres viejas y feas, además de malolientes. Muchas veces, al ser viudas solitarias, recibían las burlas de alguna persona, a la que la bruja miraba mal, por lo que si luego esa persona sufría algún percance, éste se relacionaba al mal de ojo echado por la pobre anciana. La conducta de estas mujeres, al volverse extrañas e incluso tener mascotas, ayudaba a que la gente las tildase de brujas.

Existía la creencia de que las brujas no podían cobrar por los servicios, ya que esto haría que perdiesen su poder. Solían pedir entonces limosna. Tenían prohibido comer pan, o cosas que llevasen sal. (Es una sustancia purificadora para el cristianismo).

La brujería podía transmitirse por herencia, cuando la bruja estaba agonizando, ya que esta podía coger de la mano a  su hija o a la mujer que quisiera, y transmitirle su poder (otorgado por Satanás). .

 A veces, una enfermedad típica de las vacas, hacía que éstas diesen algo de sangre en su leche, lo cual se relacionaba con brujas, que hacían sufrir esto a las vacas para poder beber su sangre con la leche por las noches, produciéndoles mal de ojo.

Esto no es nada, teniendo en cuenta que también solían secuestrar, y esto por desgracia lo hacían de verdad, a los niños recién nacidos, y preferentemente sin bautizar, para hacer pócimas con ellos.

 

Poderes de las brujas

Las brujas necesitan poder, ya que no es algo que tengan por si mismas, salvo tras la herencia si la tuvieron, y de todas formas deben renovarlo con el tiempo, pactando cada cierto tiempo con el diablo. El diablo les transmite poder, además de conocimientos, por lo que las brujas conocen pócimas y remedios naturales.

Lo hacían invocando al demonio, siguiendo alguno de los muchos rituales que hay para protegerse del mismo, con el que hablará y pactará, el mismo diablo con el que vivirá fiestas en sus aquelarres.

El hecho de volar, estaba facilitado por sus pócimas.  Esta pócima lo que hacía era producir sueño, que terminaba por postrar a la bruja en una silla, y dormirla. Entonces soñaban todo tipo de cosas extrañas y pavorosas, que luego creían reales. Solían esconderlas en algún lugar de la casa, como una piedra suelta, y se la aplicaban cuando era necesario en las ingles, o incluso en sus partes, aplicándosela con el mango de la escoba (lo cual indica de donde viene la creencia). Entonces recitaban algún hechizo y terminaban por dormirse.

Aquelarres

Esta palabra se forma de “aker = cabra y  larre = prado” y viene del vasco. Se llama así porque se realiza en un prado, en el que el principal personaje es un macho cabrio ¿por qué? Porque ese macho cabrio no es otro que el mismísimo diablo.

En estas fiestas, el diablo en forma de macho cabrío con dos cuernos,  se colocaba en un lugar por el que iban pasando brujas y brujos, que se arrodillaban a besarle el culo. Esto se supervisaba por el Gran Maestro, que atacaba con su látigo a quienes se rezagasen. También era el encargado de presentar a las nuevas brujas al inicio del aquelarre.

Posteriormente bailaban con danzas extrañas.  Uno de esos bailes se practicaba sobre el palo de la escoba, y de ahí viene también la tradición de la bruja y su escoba. También bailaban espalda contra espalda.

Posteriormente al baile, celebraban una cena, sin pan ni sal y cuyos alimentos eran pestilentes y asquerosos realmente. Estos alimentos los llevan los participantes e incluso el diablo. Después de la poco saludable cena, empezaban los ritos sexuales más pervertidos que se puedan concebir, en los que se practicaba la sodomización, la homosexualidad, que por entonces la iglesia castigaba, y perversiones entre brujas, brujos y el diablo, de todo tipo inimaginable. Incluso se pensaba que las brujas parían ranas después de haber practicado estas depravaciones con el diablo.

Ahora vendría la misa negra, en la que el diablo es ayudado por pequeño demonios, a vestirse con ropas negras parecidas a las de una misa normal, pero sucias además de negras. Entonces se coloca en un altar con manto negro y sucio también, con figuras diabólicas. El diablo utiliza un misal de piedra, y predica para que le sigan a el, prometiéndoles un descanso tras esta vida, lleno de placer. Luego la bruja más vieja, se coloca a su lado con una imagen del diablo y un cuenco para que las brujas y brujos vayan pasando a besar la imagen y a donar dinero u ofrendas. Luego deben postrarse ante el diablo para besarle sus partes, a la vez que el diablo suele soltar una maloliente ventosidad. La misa termina y el día empieza a mostrarse, con lo cual todos se dispersan y desaparecen, apagando todos los fuegos y luces.

Se solían celebrar en lugares como cementerios, bosques, montes, y encrucijadas. Los martes se hacían reuniones para tratar sus temas entre ellas, o pedir poder al demonio si hacia falta, y los sábados se celebraba el gran sabbat, en el que se trataban cosas más importantes.
 
Otro día importante es el domingo, el cual odian.

Una historia cuenta cómo un hombre jorobado estaba desvelado, y escuchó cantar a unas brujas “lunes, martes, miércoles, tres, jueves y viernes y sábado seis”. Pues al pobre  hombre se le ocurrió rematar la jugada y cantar “domingo siete” Al ser el domingo el día del señor, a las brujas no les gustó la ayuda del hombre, al que golpearon brutalmente con sus escobas.

Cuenta otra historia, cómo un hombre que sí había logrado recitar bien las palabras mágicas, y había llegado a un aquelarre, se vio pillado por una bruja, y para disimular, se unió a la fiesta. Al llegar adonde se encontraba mostrando el culo el diablo, sacó un alfiler, y en lugar de besarle, tuvo la loca idea de clavarle el alfiler con todas sus fuerzas en una nalga. El diablo, sorprendido, se dio la vuelta y exclamó: “A ver si para el próximo sábado vienes afeitado”.

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